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Saturday, June 26, 2010

The Vampire Sex Diaries (Gary Orona, 2010)

La vampiro de "Ritual" (Moire Candy, 2008), como Blade, podía ver la luz y odiaba la maldición con la que tenía que vivir; los de "Dark Angels 2" (Nic Andrews, 2005) como los de John Carpenter, eran sanguinarios y sin escrúpulos; y los de "The Wicked" (Michael Raven, 2008), como los de "Abierto hasta el Amanecer", permanecían tranquilos hasta que se les molestaba en su morada, momento en el que manifestaban su cara más sanguinaria. Un poco de cada uno tienen los últimos vampiros que nos trae el cine porno en "The Vampire Sex Diaries", que toman la imagen, entre otros, de Tabitha Stevens, Ashlyn Rae, Sophia Santi y Jenna Presley.

Perdidos en la carretera, Brad (Cheyne Collins), biólogo en plena investigación sobre los murciélagos, y su novia Amber (Ally Kay) van a parar a un extraño pueblo sureño. Alojados en un discreto motel, sólo encontrarán a la misteriosa Vanessa (Tabitha Stevens) y sus dos ayudantes (Ashlynn Rae y Jay Lassiter), que resultarán ser el reducto de un clan de vampiros que lucha contra sus instintos.

Me encanta cuando una nueva productora, o una que normalmente no hace features, estrena un buen filme argumental. Sin hacer mucho ruido colocan su película entre lo mejor del año y sorprenden al público y a la grandes productoras de siempre, que no pueden hacer otra cosa que rendirse ante lo que es una muy buena película que les hubiera encantado realizar.

Y esto es lo que ha pasado con "The Vampire Sex Diaries", de Sex Line Cinema. Gary Orona logra un filme sólido, entretenido y cargado de sensualidad. Los escenarios y localizaciones están bien escogidos, el ambiente muy bien recreado, la historia atrae, tiene personajes sin sexo que aportan peso al conflicto, y Tabitha Stevens (MILF de 40 años muy bien conservada gracias a más de 15 operaciones de estética, incluido un blanqueamiento de ano) hace un gran trabajo como la gran vampiro anfitriona que domina la situación.

Es una película ágil, sin grandes fisuras y cuyo peor activo es Cheyne Collins, que encarna al protagonista con su habitual cara de no enterarse de nada (aunque, por primera vez, aquí era esa la cara que tenía que poner). El resto del reparto hace un buen trabajo, con papeles pequeñitos, pero que funcionan muy bien para complementar la trama principal, y entre los que destaca, pese a los pocos minutos que tiene, Ashlyn Rae, una dulce vampiro de la que el espectador no puede evitar quedarse prendado.

Pero junto a la trama (y bien inmersa en ella) tenemos la parte sexual. La abre la pareja protagonista, Cheyne Collins y Ally Kay, en la habitación del hotel, y la continúa Tabitha Stevens con un tipo al que no vemos la cara, dos escenas que se complementan a la perfección, cambiando del estilo (tanto de sexo como de edición) más romántico de la pareja, al cañero, directo y duro de la vampiro.

Más tarde, Jay Lassiter se tira a Ally Kay en exteriores tras reducirla con un certero mordisco en el cuello, y Kay termina de traspasar la línea vampírica más adelante cediendo a los encantos de Ashlyn Rae, que termina el polvo clavando sus colmillos en la rubia.

Pero las mejores escenas de la película se las llevan las vampiros morenas. Collins disfruta desconcertado del magnífico espectáculo lésbico que ofrecen las tremendas Sophia Santi y Jenna Presley mientras Tabitha merodea a su alrededor. Y más tarde, Collins decide probar de primera mano el cuerpo de Tabitha en la escena final, un tremendo polvo en el que Stevens muestra de lo que es capaz.

“The Vampire Sex Diaries” es, sin duda, la sorpresa del año, la gran obra que nadie esperaba de una productora menor y que luchará con fuerza por el AVN a la mejor película. Es probable que, finalmente, una gran compañía se quede con el galardón (este año hay buenas películas), pero los vampiros de Sex Line Cinema seguro que se llevarán un buen mordisco.

Lo Mejor: Jenna Presley, Ashlyn Rae y el conjunto de la película

Lo peor: Tabitha andando por el desierto con las plataformas (si no sabes, no te las pongas)

Trailers











Wednesday, March 17, 2010

Never say never (Brad Armstrong, 2009)

Las grandes producciones y los buenos guiones no es lo único que ha convertido a Brad Armstrong en el director estrella de Wicked Pictures y uno de los más respetados del porno americano. Y es que junto a las grandes películas, Armstrong crea cada año un buen número de películas ‘menores’ que llenan el catálogo. No nos engañemos, algunas son una chorrada o vignettes sin fuste donde tampoco se atreve a arriesgar en el sexo. Pero entre todas, encontramos buenas comedias, thrillers discretos pero atractivos, y también tenemos la suerte de encontrar películas que, sin un gran argumento (o ninguno) ni una gran producción, son una delicia bien por una idea original o, simplemente, por ser ingeniosas y atractivas. Y este es el caso de “Never say never”, un vignette argumental protagonizado por Kaylani Lei que entretiene y excita a partes iguales.

La sabiduría popular dice que hay cosas que no hay que hacer nunca. Meter los dedos en un enchufe, cruzar la calle sin mirar, liarte con la ex de tu mejor amigo o mezclar los negocios con el placer. Kaylani lo tiene muy claro, pero cuando se dice que no debe de hacer algo, termina haciéndolo. Y la experiencia termina dándole una nueva filosofía. Nunca digas nunca.

“Never say never” no se resiente por el hecho de no tener una trama y da más que un simple vignette porque sí tiene un buen hilo conductor. Armstrong empieza con un acierto antes de pasar a las escenas: tres secuencias cortas y divertidas que nos sitúan ante lo que vamos a ver después, es decir, a Kaylani diciendo lo que nunca se debe hacer y cayendo, acto seguido, en la tentación. Así, la introducción tiene ritmo, humor y una función argumental.

Y después, pasamos a la parte central del filme. El primer nunca del filme es el de no tirarse al exnovio de tu amiga, y Kaylani se tira, sin embargo, a Danny Mountain para terminar siendo descubierta por la amiga cuchillo en mano. El segundo es el de no mezclar los negocios y el placer, por lo que Kaylani se tira en la oficina a su jefe y a su compañera de trabajo (Brad Armstrong y Tory Lane) y termina despedida.

Más tarde, Kaylani nos aconseja que nunca crucemos la calle sin mirar a los dos lados. Ella lo hace y se encuentra con su exnovio (Eric Masterson) y la nueva chica de este, la superneumática y apetecible Jenna Presley. Los celos la corroen, intenta disimular y vemos, instantes después, como se lo montan en su casa Masterson y Presley.

El siguiente consejo es que nunca te vean sudar, que no noten que estás nervioso ni sufriendo. Armstrong lo saca de contexto y nos trae a una sudada Kaylani en el gimnasio follándose a dos chicos que estaban entrenando (Marcus London y Tommy Gunn). El siguiente es tentador (y divertido) desde el principio: nunca hables con la boca llena, y eso es precisamente lo que hace Kaylani mientras se la chupa a Brad: coger el teléfono para atender la llamada de su novio.

Más tarde Kaylani recurre a un clásico: no te subas al coche de un extraño. Pero esta vez decide ser prudente y no se sube cuando Derrick Pierce se lo ofrece mientras va sola de noche por la calle. Unos metros más adelante se lo pide a dos prostitutas (Alexis Texas y Angelina Valentine), que sí se suben con él y a las que se folla más tarde en el garaje. Y en la siguiente escena, vemos a Kaylani en la tienda de su padre que le dice en mandarín que no debe salir con chicos de otras razas, a lo que ni corta ni perezosa Kaylani responde tirándose al semental negro Deep Threat.

Tras la escena interracial, aparecen los créditos finales; pero Kaylani los aparta de un manotazo para dar paso a la última escena. “Siempre he dicho que no haría nunca anal ante la cámara”, dice Kaylani, “pero como dice el título, nunca digas nunca”, sentencia, para ofrecernos una escena anal con Brad Armstrong. Y es que “Never say never” se estrenó anunciando el primer anal de la actriz asiática y, aunque breve y de una sola postura (ella tumbada boca arriba) resulta un fantástico estreno anal.

En resumen, “Never say never” es una película entretenida, excitante, amena, divertida en varias ocasiones y con un buen reparto. Puestos a no hacer grandes producciones o brillantes guiones, siempre es mejor películas como ésta, argumentales, pero sin trama e ingeniosas, que no un bodrio argumental infumable. Y Armstrong acierta de pleno en este filme que Kaylani domina de principio a fin. Y eso que cuando se estrenó pasé de verla; pero bueno, nunca digas nunca.

Lo mejor: La impresionante Jenna Presley, la idea, el estilo y la dulce Kaylani

Lo peor: Que a Armstrong no se le ocurran más a menudo pelis así